Son las once de la noche de un martes de mayo. Tienes el tema seis en PDF, las diapositivas en otra carpeta y los apuntes de una compañera en el móvil. Lo has leído tres veces y sigues sin saber qué te preguntarán mañana. Subrayar otra vez no dice nada nuevo.
Studyflash convierte ese material en flashcards con IA. Subes el PDF, las diapositivas o una foto de tus apuntes y te devuelve preguntas hechas con lo que de verdad entra en tu examen, no con un temario genérico sacado de internet. En vez de copiar definiciones a mano, empiezas por el repaso.
Lo que puedes subir
El PDF del tema o las diapositivas
El temario que cuelga el profesor, los apuntes que circulan por el grupo de clase, un capítulo escaneado. Y el texto suelto lo pegas directamente.
Una foto de tus apuntes
Si tomas apuntes en papel, la foto del cuaderno vale como material, con tu letra y todo.
La clase, grabada en directo
Puedes grabar la clase desde el navegador o el móvil: de la transcripción salen las cartas, un resumen y un test.
Un mazo que ya tienes
Si vienes de Anki, importas tus mazos. Y si prefieres escribir las cartas tú, tienes un editor en blanco.
Decir la respuesta deja más huella que releerla
Una carta te obliga a decir la respuesta antes de verla, y ese esfuerzo es el que se queda; releer el tema solo deja la sensación de que te suena. Por eso el mazo se programa solo: la repetición espaciada te devuelve cada carta cuando estás a punto de olvidarla, y lo que ya dominas aparece menos. Antes del examen, el modo intensivo te pasa todas las cartas seguidas.
Crear flashcards que se parezcan a tu examen
Del mismo material salen seis tipos de carta: definición, pregunta abierta, rellenar huecos, vocabulario, imagen y oclusión de imagen, que tapa partes de un dibujo para que digas tú lo que hay debajo. En anatomía es la que más se parece al examen. Si prefieres escribir la respuesta, esa opción pone tu texto junto al correcto. Y cuando una carta no te cuadra, se la preguntas a Max, el tutor con IA, que ha leído tus mazos.
Flashcards online, en el navegador y en el móvil
Todo funciona en el navegador, sin instalar nada. En el móvil el mazo es una pila que vas pasando y puntuando. La app de flashcards funciona además sin conexión: en el metro estudias igual y el progreso se sincroniza al volver a tener red, aunque generar material nuevo sí pide conexión. Una carta mal planteada la corriges o la borras, y si regeneras el mazo, las que hayas escrito tú se quedan.
Tres situaciones típicas
En segundo de bachillerato, con la selectividad (EBAU) en junio: el temario de Biología es enorme y llevas desde septiembre acumulando fotocopias. Un mazo por tema convierte ese montón en repasos cortos.
En un grado de Medicina en la Complutense, en la convocatoria de enero: subes el dossier de anatomía y las cartas de oclusión te preguntan por la misma lámina del examen.
Preparando unas oposiciones: el temario no se mueve en meses y lo que necesitas es que alguien te pregunte cada semana. De eso se encarga el mazo.
Dos cosas que Studyflash no hace
Si escribes solo el nombre de un tema y no subes nada, las cartas salen correctas pero genéricas: sirven para arrancar, no para el examen de tu profesor. El mazo depende del material que subas.
Las asignaturas de fórmulas encajan mal en una flashcard, aquí y en cualquier app: un desarrollo de tres pasos no cabe en una cara. Para eso van mejor los tests, que te explican el fallo con tu propio material.
Empezar no cuesta nada
Puedes crear flashcards gratis: el plan gratuito incluye los mazos, los tests, la repetición espaciada y el chat con Max sin límite, con un cupo mensual de generaciones con IA. En la página de planes ves qué lleva cada plan y qué añade Premium, como los exámenes de prueba.
Preguntas frecuentes
Si vienes de Anki, sí: vale un paquete exportado o un archivo de texto plano. Entran las cartas básicas y las de huecos, que aquí pasan a ser de rellenar huecos, y también las imágenes. El audio no se importa y el formato se pierde, aunque el texto llega entero.
Cualquier mazo se exporta a PDF y de ahí a la impresora. Lo que no viaja al papel es la repetición espaciada: en la hoja impresa decides tú qué repasas y cuándo.
En una carta, la opción de escribir la respuesta la pone junto a la correcta y decides tú si la dabas por buena. En los tests la corrección sí es automática: en las de huecos la IA valora el significado, así que un sinónimo cuenta.
Cualquier mazo se comparte con un enlace. Quien lo abre lo previsualiza y guarda su propia copia con un clic, así que estudia sobre la suya.